1.28.2009

spleen

***

Temo vivir lo que no entiendo, quiero siempre tener la garantía de,
al menos, pensar que entiendo, no sé entregarme a la desorientación.
La pasión según G.H.



que amaba
tanto mi tristeza
y le sonreía
estúpidamente
a la inhumana
hermosura
del
desasosiego.


recuerdo un ácido
perfume sobre las calles,

no entiendo,

no necesito comprender
ya nada.

(y los ladridos de los perros
al amanecer,

distante,

me avergüenzan las luces
de una ciudad que se extermina)


valía la pena haber vivido sin miedo.

1.23.2009

César Vallejo, mi anthology, reloaded

***




***

Rosa Blanca


Me siento bien. Ahora
brilla un estoico hielo
en mí.
Me da risa esta soga
rubí
que rechina en mi cuerpo.
Soga sin fin,
como una
voluta
descendente
de
mal...
Soga sanguínea y zurda
formada de
mil dagas en puntal.
Que vaya así, trenzando
sus rollos de crespón;
y que ate el gato trémulo
del Miedo al nido helado,
al último fogón.
Yo ahora estoy sereno,
con luz.
Y maya en mi Pacífico
un náufrago ataúd.


De Los heraldos negros



XIV


Cual mi explicación.

Esto me lacera de tempranía.

Esa manera de caminar por los trapecios.

Esos corajosos brutos como postizos.

Esa goma que pega el azogue al adentro.

Esas posaderas sentadas para arriba.

Ese no puede ser, sido.

Absurdo.

Demencia.

Pero he venido de Trujillo a Lima.

Pero gano un sueldo de cinco soles.



XXVIII

He almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas,
cuando habráse quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!
Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez del propio amor,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.



LVI

Todos los días amanezco a ciegas
a trabajar para vivir; y tomo el desayuno,
sin probar ni gota de él, todas las mañanas.
Sin saber si he logrado, o más nunca,
algo que brinca del sabor
o es sólo corazón y que ya vuelto, lamentará
hasta dónde esto es lo menos.

El niño crecería ahíto de felicidad
oh albas,
ante el pesar de los padres de no poder dejarnos
de arrancar de sus sueños de amor a este mundo;
ante ellos que, como Dios, de tanto amor
se comprendieron hasta creadores
y nos quisieron hasta hacernos daño.

Flecos de invisible trama,
dientes que huronean desde la neutra emoción,
pilares
libres de base y coronación,
en la gran boca que ha perdido el habla.
Fósforo y fósforo en la oscuridad,
lágrima y lágrima en la polvareda.



LXXV


Estaís muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría que no lo estáis. Pero en verdad, estaís muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.


De Trilce



Epístola a los transeúntes


Reanudo mi día de conejo
mi noche de elefante en descanso.

Y, entre mí, digo:
ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros
éste es mi grato peso,
que me buscará abajo para pájaro
éste es mi brazo
que por su cuenta rehusó ser ala,
éstas son mis sagradas escrituras,
éstos mis alarmados campeñones.

Lúgubre isla me alumbrará continental,
mientras el capitolio se apoye en mi íntimo derrumbe
y la asamblea en lanzas clausure mi desfile.

Pero cuando yo muera
de vida y no de tiempo,
cuando lleguen a dos mis dos maletas,
éste ha de ser mi estómago en que cupo mi lámpara en pedazos,
ésta aquella cabeza que expió los tormentos del círculo en mis pasos,
éstos esos gusanos que el corazón contó por unidades,
éste ha de ser mi cuerpo solidario
por el que vela el alma individual; éste ha de ser
mi ombligo en que maté mis piojos natos,
ésta mi cosa cosa, mi cosa tremebunda.

En tanto, convulsiva, ásperamente
convalece mi freno,
sufriendo como sufro del lenguaje directo del león;
y, puesto que he existido entre dos potestades de ladrillo,
convalezco yo mismo, sonriendo de mis labios.



Los nueve monstruos


Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tanta cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.
Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rosseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!
Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar...
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más).
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardido!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.



Piedra negra sobre una piedra blanca


Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...



Tengo un miedo terrible de ser un animal

Tengo un miedo terrible de ser un animal
de blanca nieve, que sostuvo padre
y madre, con su sola circulación venosa,
y que, este día espléndido, solar y arzobispal,
día que representa así a la noche,
linealmente
elude este animal estar contento, respirar
y transformarse y tener plata.

Sería pena grande
que fuera yo tan hombre hasta ese punto.
Un disparate, una premisa ubérrima
a cuyo yugo ocasional sucumbe
el gonce espiritual de mi cintura.
Un disparate... En tanto,
es así, más acá de la cabeza de Dios,
en la tabla de Locke, de Bacon, en el lívido pescuezo
de la bestia, en el hocico del alma.

Y, en lógica aromática,
tengo ese miedo práctico, este día
espléndido, lunar, de ser aquél, éste talvez,
a cuyo olfato huele a muerto el suelo,
el disparate vivo y el disparate muerto.
¡Oh revolcarse, estar, toser, fajarse,
fajarse la doctrina, la sien, de un hombro al otro,
alejarse, llorar, darlo por ocho
o por siete o por seis, por cinco o darlo
por la vida que tiene tres potencias.


De Poemas humanos



Desnudo en barro

Como horribles batracios a la atmósfera,
suben visajes lúgubres al labio.
Por el Sahara azul de la Sustancia
camina un verso gris, un dromedario.

Fosforece un mohín de sueños crueles.
Y el ciego que murió lleno de voces
de nieve. Y madrugar, poeta, nómada,
al crudísimo día de ser hombre.



La cena miserable


Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe... Y en qué recodo estiraremos
nuestra pobre rodilla para siempre! Hasta cuándo
la cruz que nos alienta no detendrá sus remos.
Hasta cuándo la Duda nos brindará blasones
por haber padecido!...
Ya nos hemos sentado
mucho a la mesa, con la amargura de un niño
que a media noche, llora de hambre, desvelado...
Y cuándo nos veremos con los demás, al borde
de una mañana eterna, desayunados todos!
Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
yo nunca dije que me trajeran.
De codos
todo bañado en llanto, repito cabizbajo
y vencido: hasta cuándo la cena durará.
Hay alguien que ha bebido mucho, y se burla,
y acerca y aleja de nosotros, como negra cuchara
de amarga esencia humana, la tumba...
Y menos sabe
ese oscuro hasta cuándo la cena durará!

Las Horas van febriles, y en los ángulos
abortan rubios siglos de ventura.
¡Quién tira tanto el hilo: quién descuelga
sin piedad nuestros nervios,
cordeles ya gastados, a la tumba!

¡Amor! Y tú también. Pedradas negras
se engendran en tu máscara y la rompen.
¡La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!



Los dados eternos

Para Manuel Gonzales Prada, esta
emoción bravía y selecta, una de las
que, con más entusiasmo, me ha aplau-
dido el gran maestro.


Dios mío, estoy llorando el sér que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios míos, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.


de Los heraldos negros



Quisiera hoy ser feliz de buena gana


Quisiera hoy ser feliz de buena gana,
ser feliz y portarme frondoso de preguntas,
abrir por temperamento de par en par mi cuarto, como loco,
y reclamar, en fin,
en mi confianza física acostado,
sólo por ver si quieren,
sólo por ver si quieren probar de mi espontánea posición,
reclamar, voy diciendo,
por qué me dan así tánto en el alma.

Pues quisiera en sustancia ser dichoso,
obrar sin bastón, laica humildad, ni burro negro.
Así las sensaciones de este mundo,
los cantos subjuntivos, .
el lápiz que perdí en mi cavidad
y mis amados órganos de llanto.

Hermano persuasible, camarada,
padre por la grandeza, hijo mortal,
amigo y contendor, inmenso documento de Darwin:
¿a qué hora, pues, vendrán con mi retrato?
¿A los goces? ¿Acaso sobre goce amortajado?
¿Más temprano? ¿Quién sabe, a las porfías?

A las misericordias, camarada,
hombre mío en rechazo y observación, vecino
en cuyo cuello enorme sube y baja,
al natural, sin hilo, mi esperanza...


de Poemas humanos

Yoshimi battles the pink robots, Flaming Lips

***



***



Do You Realize/that you have the most beautiful face
Do You Realize/we're floating in space
Do You Realize/that happiness makes you cry
Do You Realize/that everyone you know someday will die

And instead of saying all of your goodbyes/let them know
You realize that life goes fast
It's hard to make the good things last
You realize the sun doesn't go down
It's just an illusion caused by the world spinning round

Do You Realize/Oh/Oh/Oh
Do You Realize/that everyone you know
Someday will die/

And instead of saying all of your goodbyes/let them know
You realize that life goes fast
It's hard to make the good things last
You realize the sun doesn't go down
It's just an illusion caused by the world spinning round

Do You Realize/that you have the most beautiful face
Do You Realize


***



***

1.21.2009

de Eurasia, Ramon Dachs

***

imminente, la nuit

inminente, la noche

///

***

quédate así,
muchacha,

lejana
al amargo vaso
en que apareces,

sé lo turbio
que al tiempo
se mutila,

la coyuntura
de tu cerviz
que voy olvidando,
el pretérito sabor
de aquella cicatriz
de tu rodilla,

vuélvete saciada
a esa ostra
de nuestras
cuatro paredes
-y recogías
tu cabellos
y te ibas-

tu olor
ya lavable es
a otras músicas.

quédate así.
lejana,
ya lejana,

y apareces,
apareces,

y apareces.

movimiento continuo/le charmes de la vie, de Guillermo Carnero

***


el movimiento continuo

…pronto envejeceremos; moriremos

antes de reconocer la libertad.

Robert Herrick



Las personas comme il faut, honestos padres

de familia y demás gente de principios

(fotógrafos profesionales, profesores de baile

y otros agentes de la autoridad)

tenían desde antiguo organizado su modesto

baile de disfraces.

Y lo peor no fueron los ridículos gestos de las

matronas, torpes animales domésticos,

ni el parloteo de los intrascendentes animalillos

partidarios del orden y la compostura,

sino el distinguir, debajo de la pacotilla y de

las flores de plástico,

su buena fe de gansos soñolientos.


En las afueras, después de haber dejado atrás

las últimas viviendas del suburbio

-glorria y prrez sempiterrnas, como dijo

el santo varón arrastrando las erres-,

encontramos, en el crepúsculo, sin demasiado

esfuerzo,

el modesto tinglado de una feria vacía:

ositos mecánicos,

muñecas caucásicas para neuróticos

-cada una contiene otra igual, más pequeña,

indefinidamente-,

espejos cóncavos, convexos y cóncavoconvexos,

barracas donde un coro de malolientes atletas

vociferaba el canto del cisne,

antifaces de muselina, ciudadanos disfrazados

de asnos de Persia,

asnos de Persia disfrazados de ciudadanos,

una historia completa del traje,

y muchas otras cosas, como por ejemplo,

varitas mágicas,

insectos de cartón-piedra,

una colección de bastante amplia de cremas para

payasos,

la botella de porcelana rosada donde el

prestidigitador guardaba su elixir

para aparecer vivaracho y chispeante en

público,

tres o cuatro chaquetas reversibles, las memorias

de Frégoli

y un manual de Etiqueta Cortesana, con

anotaciones manuscritas

de Óscar Wilde, y alguna raspadura

de Baudelaire.

Alguien descubrió que el tiovivo podía seguir

girando, mientras un organillo

oculto bajo las tablas martilleaba una

mutilada Chanson de Cour

reconocible. Con un poco de buena voluntad.


Vosotros, mientras en la noche resuena

la rutilante música de circo

decidme si merecía la pena haber vivido para esto,

para seguir girando en el suave chirrido de las

tablas alquitranadas,

para seguir girando hasta la muerte.



***

les charmes de la vie

Watteau.


Que no turben las aves el crepúsculo.

Va a comenzar el vals. Que todo quede

en tinieblas. Que las sedas oculten

las abiertas ventanas, y que alguien desenlace

los gruesos terciopelos. Nada debe

amenazar el flujo de la música:

ningún arista o mármol o pájaro dormido.

Que nada permanezca. Sólo el aire

ilumine las fuentes ocultas de la noche

difunda en las estancias un resbalar de remos

en los estanques, prenda el roce de las hojas

que desordena el viento entre las alamedas,

apague los destellos sobre los ventanales,

sobre cada cristal, para que los espejos

no descubran de dónde brotan los surtidores,

para que no resbalen hacia las balaustradas

las serpientes del agua, para que la penumbra

los colores del mármol y de los terciopelos


desprendan un ingrávido gorgotear de luces,

y así, por un redondo laberinto de cauces

poco a poco la música, brotando de la oscura

trasparencia del aire, irrumpa desde cada

cristal amortajado, desde cada moldura,

libere sobre el musgo las voces de la noche

para que en el silencio las corrientes

heladas, ni los dedos ni la curva del torso

de la estatua disientan de la inmóvil presencia

de los vasos que oprimen en las encrucijadas

un puñado de inertes raíces sumergidas.


Anacreonte supo renunciar a casi todos los mitos

de su tiempo:

patria, fama, dignidad de soldado,

respeto hacia los muertos y amistad

con los dioses.

¿Cómo no serenarse, si todo está perdido?

Las montañas azules, a lo lejos, van siendo

lamidas por la sombra.

Dibuja los contornos de las torres lejanas

la palidez helada de un viento submarino,

iluminando el brillo de los ojos, nítidos

y cercanos

pero imposibles, como el rastro de umbría

verdura que sugiere

el escondido cause de un río subterráneo.

Que resuene el laúd, porque las voces

quebrarían el aire de la tarde.

que los dedos desaten, entre encajes,

el unánime llanto de las cosas,

pero que nadie intente otra vez pulsar

las raíces de la vida.

Con el sol poniente vana alanzar sus últimos

destellos, sobre las hojas amarillas,

las irisaciones de la música,

y los dioses silvestres convocan al silencio

en la espesura.

Que nadie intente descubrir los sones

originarios.


La noche desciende

sobre las tazas de las fuentes mudas, como las

hojas muertas,

y oprime como mano tibia los atributos de la

música:

latón pulido de las cornamusas,

resonancias que cierran su corola junto a los

bucráneos

festonados de racimos y cintas.

Ahora resbala por las escalinatas

la múltiple aureola de las luces

(¿Y por qué no subir, si todo está perdido?)

y se desgrana el vals, entre las risas,

mientras las lentejuelas de las máscaras

reflejan un brillante remolino de sedas,

como un enorme espejo alucinado.


1.16.2009

nuestros cuerpos/recuerdo el frío del amanecer, de Antonio Gamoneda

***

Nuestros cuerpos se comprenden cada vez más tristemente,
pero yo amo esta púrpura desolada.

Ah la flor negra de los dormitorios, ah las pastillas del amanecer.

***

Recuerdo el frío del amanecer, los círculos de los insectos sobre las
tazas inmóviles, la posibilidad de un abismo lleno de luz bajo las
ventanas abiertas para la ventilación de la enfermedad, el olor triste
de la sosa cáustica.

Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los
vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz.
Vuelven incomprensibles bajo leyes de vértigo y olvido.

No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo
una playa negra y, lejanos, los grandes párpados de una ciudad cuyo
dolor no me concierne.

Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte.
Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza.

Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu
pensamiento es sólo recuerdo de la ira.

Ves la rosas temibles.

Ah caminante, ah confusión de párpados.
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida.

Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad.
Ah la pureza de los cuchillos abandonados.

Amé todas las pérdidas.

Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

1.11.2009

Tom Waits, more than rain/rain dogs

***
more than rain


It's more than rain that falls on our parade tonight
it's more than thunder it's more than thunder
it's more than a swindle this crooked card game
it's more than sad times it's more than sad times
none of our pockets are filled with gold
nobody's caught the boquet
there are no dead presidents we can fold
nothing is going our way
and it's more than goodbye I have to say to you
it's more than woe-be-gotten grey skies now


rain dogs


Inside a broken clocksplasjing the wine with all
the Rain Dogs...Taxi we'd rather walkhuddle a
doorway with the Rain Dogs...For I am a Rain Dog
too!Oh how we danced and we swallowed the
nightsfor it was all ripe for dreamingOh how we
danced away all of the lightswe've always been out
of our mindsThe rum pours strong and thinbeat out
the dustman with a Rain Dog...Aboard a shipwreck
traingive my umbrella to a Rain Dog...For I am a
Rain Dog tooOh how we danced with the Rose of
Traleeher long hair blackas a ravenOh how we
danced and she wisperedto meYou'll never be goin
back home!!

1.09.2009

the guana bis

***

-lo que pasa es que nada nos gusta...

-Ian Curtis era emo, Kurt Cobain también fue emo, precursor

-¿y eso qué?

-nada nada, nomás, ha de ser por la iluminación, por eso nos aburrimos tanto

1.08.2009

a mi madre

***

toco tus manos,
beso esa tierra seca
a la que casi nada tengo
qué decirle.

madre,
terminaremos así,

los de siempre,

yo,

con el hambre
turbia y la sangre
ciega,

tú,

con ese miedo atroz
a las pequeñas muertes.


madre,

no llores,
qué no ves
que estamos solos,
desde hace
tanto,
tanto tiempo.

Cygnet committee, de David Bowie

***




I bless you madly,
sadly as I tie my shoes
I love you badly,
Just in time, at times, I guess
Because of you I need to rest
Because it’s you
that sets the test

So much has gone
and little is new
And as the sparrow sings
Dawn chorus for
Someone else to hear
The Thinker sits alone growing older
And so bitter

"I gave Them life
I gave Them all
They drained my very soul
…dry
I crushed my heart
to ease Their pains
No thought for me remains there
Nothing can They spare
What of me?
Who praised Their efforts
to be free?
Words of strength and care
and sympathy
I opened doors
that would have blocked Their way
I braved Their cause to guide,
for little pay

I ravaged at my finance just for Those
Those whose claims were steeped in peace, tranquility
Those who said a new world, new ways ever free
Those whose promises stretched in hope and grace for me"

I bless you madly,
sadly as I tie my shoes
I love you badly, just in time,
at times, I guess
Because of you I need to rest, oh yes
Because it’s you
that sets the test

So much has gone
and little is new
And as the sunrise stream
Flickers on me,
My friends talk
Of glory, untold dream, where all is God and God is just a word

"We had a friend, a talking man
Who spoke of many powers that he had
Not of the best of men, but Ours

We used him
We let him use his powers
We let him fill Our needs
Now We are strong

And the road is coming to its end
Now the damned have no time to make amends
No purse of token fortune stands in Our way
The silent guns of love
will blast the sky
We broke the ruptured structure built of age
Our weapons were the tongues of crying rage

Where money stood
We planted seeds of rebirth
And stabbed the backs of fathers
Sons of dirt

Infiltrated business cesspools
Hating through Our sleeves
Yea, and We slit the Catholic throat
Stoned the poor
on slogans such as

‘Wish You Could Hear’
‘Love Is All We Need’
‘Kick Out The Jams’
‘Kick Out Your Mother’
‘Cut Up Your Friend’
‘Screw Up Your Brother or He’ll Get You In the End’

And We Know the Flag of Love is from Above
And We Can Force You to Be Free
And We Can Force You to Believe"

And I close my eyes and tighten up my brain
For I once read a book in which the lovers were slain
For they knew not the words of the Free States’ refrain
It said:
"I believe in the Power of Good
I Believe in the State of Love
I Will Fight For the Right to be Right
I Will Kill for the Good of the Fight for the Right to be Right"

And I open my eyes to look around
And I see a child laid slain
on the ground
As a love machine lumbers through desolation rows
Ploughing down man, woman, listening to its command
But not hearing anymore
Not hearing anymore
Just the shrieks from the old rich

And I Want to Believe
In the madness that calls ‘Now’
And I want to Believe
That a light’s shining through
Somehow

And I Want to Believe
And You Want to Believe
And We Want to Believe
And We Want to Live
Oh, We Want to Live

We Want to Live

I Want to Live

Live, live, live.

El tercer día, Nacho Vegas

***



Por tercer día él ve amanecer
desde una cama vacía,
por tercero le oímos persignándose,
Jesús, José y María.
Y el tercer día, jura, es el peor
le tendríais que ver
de rodillas con cara de idiota
arañando el parqué.

Hizo listas de las personas con
las que había dormido.
Puso en rojo los nombres de aquellos que
resultaron heridos.
Su apellido figura una vez
de cada cinco o seis
en un rojo tan vivo que
al mirarlo dolía.
Él lloraba y gemía al pensar
que le quedaban aún otros tres días.

Y cambió los muebles de lugar
un treinta de noviembre,
fue a dormir y de nuevo al despertar
estaban donde siempre.
Que es diciembre, no abril, el mes más cruel,
quién se lo iba a negar
si las horas le duran hoy
lo que dura una vida,
si el plan de su vida a día de hoy
consiste en nada más
que en llegar al cuarto día.

Si las horas le duran hoy
lo que dura una vida.
Llegaré al cuarto día, gemía,
pero lo peor, señor,
es que llegará, es que llegará,
y que a ese día le sucederá
otro día más,
y otro día más,
y otro día más,
y otro más,
y uno más...
y a ese día le sucederá
otro día más,
y otro día más,
y otro día más,
y otro más,
y uno más...
y a ese día le sucederá
otro día más,
y otro día más,
y otro día más,
y otro más,
y uno más...

y otro día más.

víscera

***

no conozco el color
ni el idioma autómata
de lo que me hunde al mundo,

una colmena en mi pecho,
bisbea.

el enjambre eléctrico en mi cráneo,
murmura:

boca,
cabellos,
dentadura,

intestinos.

un animal paralelo
se curva,
retuerce fuera de mí,

como buscando humanidad.

cualquier día de estos
moriré sin darme cuenta,
entonces,
ese animal de entrañas,
como otro que también soy:

andará las calles convulso,
tierno como recién venido,
más certero y más lúcido,
también,
a pesar de mí

y el lastre de mi cadáver.

perro salvaje

***

Olfateando, royendo, andar de tajo por el puro instinto, con la ingenuidad primigenia de unos ojos oscuros de paloma descerebrada, me-cá-ni-ca-men-te, me-cá-ni-ca-men-te hacer el zig zag de las patitas rojas aborazándose sobre los trocitos de pan, con la cabecita en blanco y haciendo el tic tac tic tac, atrás y adelante, atrás y adelante y la cabecita péndulo tic tac tic tac, como robótica, absurdamente viva.

Preferiría ser una hiena con el pelambre tieso, de tierra, un perro salvaje, un caballo desbocado, frenético, un búfalo expelido de la manada, un buitre cóndor velando la carroña ocre roja suculenta, un rey jabalí, un jabalí furioso asolando una isla sola como el señor de las moscas. Aterrar al hombre, me-cá-ni-ca-men-te.

Preferiría eso, cualquier cosa y no la fisura del tiempo y el espacio en la que soy tres, cuatro, veinte pares de ojos que se dispersan y miran desde todos lados las líneas que fluyen, cortan, se curvan y cierran y abren y forman ventanas, paredes, marcos de puertas, molduras innecesarias, bultos y cuerpos y rostros insostenibles, tic tac tic tac, mueven la cabecita zig zag zig zag.

Veo mi lengua, veo a Jimena con su cara de boba desinteresada, me veo diciendo, luchando contra mi lengua embrutecida, fofa, alcoholizada. Decir algo, lo que sea, aunque mis palabras sean inentendibles, lejanas, licuadas en la nata sonora de la música, las risas, las palabras otras de las cabecitas tic tac, ininteligibles.
Y estoy ahí, fundido en una gruesa coraza de plástico, en una pecera con piedritas de colores y ventanitas y marcos de puertas y paredes y personas y observo observo observo, me observo observando sus piernas, los pliegues rugosos de su falda, oliendo la carne, husmeando en el halo pastoso del olor a maquillaje, cigarro, cerveza, perfume.
Olfateando.

Y estoy ahí, y soy yo, ese soy yo, soy yo. Carajo, como me gustaría ser un perro salvaje.

la próxima vez

***

Estás conmigo por venganza, digo, en cualquier otro momento, estoy casi seguro que no lo aceptarías, lo sé, lo sé muy bien, pero, por ahora no importa, me vale madre y no, a la vez, no me molesta y sí, me lastima un poco, como me lastima cualquier cosa, pero uno lo supera y ya, nada, tú me entiendes, bueno, y sí, tal vez, el orgullo, tú sabes, el ego, ya sabes, no, no necesariamente, no lo suficiente como para inquietarme y no aceptar el hecho de volver a estar "juntos"… al menos de esta forma.


La próxima vez pediré una habitación sin espejos, no es nada placentero tener que vernos los rostros después del sexo.

clonozepam

***

Ahora que estoy más deprimida que cualquier otro día ya no puedo tomar clonozepam, desde mi ventana veo los carros, las vecinas, los niños y los perros como en un cataplasma, todo revuelto, todo raro, y las casas, las viejas casas que desde niña no han cambiado nada, son como covachas donde la luz de las lámparas mercuriales no entra. No distingo bien a las personas que pasan por la calle, son animales o sombras o bultos, todo se revuelve, me duele la cabeza.

Cuando me deprimo no se me ocurre hacer otra cosa que ver la televisión, pero eso me deprime más, o salir a escondidas a fumar, el psiquiatra dice que la nicotina me altera, pero me siento mejor cuando fumo. Tengo que robarle los cigarros a Juan porque lo mejor es quedarme en casa unas semanas; no debo salir a la tienda, no debo ir a la calle. Ana y Caro a veces me visitan, pero después de un rato se aburren y se van porque no tengo mucho qué decirles, me molesta un poco que me miren con esas caras de pobrecita, está enferma, y que finjan alegría, gusto de verme, pero igual, son mis amigas y en el fondo ellas saben que tampoco son felices.

Las manos me tiemblan, he intentado llamar a Yolanda pero su esposo siempre dice no se encuentra, seguro piensa que como ella ahora está bien no debe hablar con nadie que le recuerde el manicomio. Me cayó bien la Yola, me dio mucha risa cuando en los grupos de la clínica dijo que su Roberto era un viejo calvo panzón y controlador, y se puso a llorar y todas nos pusimos serias. Yola es muy bonita, su pelo es negro, largo y lacio, su piel es blanca blanca, se le ven unas venitas azules en las piernas, parece una niña pero ya tiene veintisiete años; pasábamos las noches hablando, me contaba de su hijo Jonatan, de Roberto y de lo frustrada que se sentía por no poder salir de la clínica. Nunca me dijo por qué estaba internada.

La olanzapina no es lo mismo, extraño el clonozepam, me tranquilizaba tanto, me dolía menos mirar por la ventana y no comprender nada, no entender ni un poquito de nada de lo que ocurría afuera; pero el psiquiatra dijo que el clonozepam mata las neuronas, que la olanzapina es mejor, no crea dependencia, pero eso no me importa. Me hubiera intoxicado con otra cosa, para que me recetaran el clonozepam y no al revés, fui una tonta.

Pocas veces veo a Juan, hay ocasiones en que no llega a dormir, cuando lo veo le sonrío pero me voltea la cara, dice que está ocupado y que tiene muchas cosas qué hacer; pero yo sé que no quiere pasar tiempo en la casa, está molesto conmigo. Una vez desayunábamos y se me quedó mirando y me dijo algo así como fue una pendejada lo que hiciste, sólo piensas en ti y te vale madre lastimar a las personas, mis papás se quedaron callados, mamá agachó la cabeza y papá fue a la cocina a servirse más café, su taza estaba casi llena.

No me gusta estar sin hacer nada, de pronto me entra la ansiedad, la angustia, y tomo algún libro de los que Juan tiene en su cuarto, me desespero y lo abandono a las cinco, diez páginas. Llamo a Yolanda aunque sé que su esposo me va a contestar un no se encuentra, veo la televisión, intento dormir, extraño el clonozepam, fumo, me baño cuatro veces al día (el agua caliente me serena), me meto al cuarto de Juan, veo sus papeles, sus libros y las fotos de gente que no conozco, de sus dos o tres amigos, me recuesto en su cama y pongo el dividí, intento ver una película de las que él tiene, me aburren, son aburridísimas, la devuelvo al estante y salgo del cuarto revisando cuidadosamente que todo quede en su lugar, no se vaya a molestar.

Me siento tan desesperada, me asomo por la ventana, afuera todo es tan confuso, tan extraño. Ojalá no llueva, me ponen tan nerviosa las tardes nubladas.

parsimonia

***

quietud.

la calma llegó
bajo el oscuro puente
donde el mundo,
lento,
se hunde,
agrieta y
gotea
a los ojos
de cualquier mujer.

ahora
que la realidad
desploma
o
fluye
o
estanca,

yo,

quien bajo el
oscuro puente
soy lo que transcurre,
lo que dilata
o empequeñece:


me acostumbro tanto a todo,
me he acostumbrado tanto a todo,

y tan fácil.

1.04.2009

blu/cyriak/kristroferstrom

muto, de blu



moo!, de cyriak



minilogue/hitchhikers choice, de kristoferstrom

1.02.2009

...

pero si soy hombre.

tengo sed,

no me culpen si mastico
cuando tengo hambre,

no me digan
que huyo y escupo el alimento
cuando me duele estar así,

a la altura de la eternidad
y el error entre las vértebras.

es verdad que me brota el odio
con ternura animal
y un rencor tan vivo
como tumultos de laringe
y dolores en la sien.

qué no ven que me duele
esta pesada coraza
de los porqués y los cuándo.

qué no ven que he amado,
he sido niño
hombre
y escribo
porque no sé otra forma de ser,

y de nada me ha servido.

qué no ven que no
soy tan importante,

entonces,

para qué tantos
estás equivocado,
pero las cosas no son así,
no vas a llegar a ningún lado,
estás mal,


etcétera.

1.01.2009

Carta para volvernos a ver, de Gonzalo Rojas

Lo feo fue quererte, mi Fea, conociendo cuánta víbora
era tu sangre, lo monstruoso
fue oler amor debajo de tu olorcillo a hiena, y olvidar
que eras bestia, y no a besos sino a cruel mordedura
te hubiera, en pocos meses, lo vicioso y confuso
descuerado, y te hubiera en la mujer más bella ¡por Safo! convertido.

Porque, vistas las cosas desde el mar, en el frío de la noche oceánica
y encima de este barco de lujo, con mujeres francesas y espumosas,
y mucha danza, y todo, no hay ninguna
cuyo animal, oh Equívoca, tenga más desenfreno en su fulgor
antes de ti, después de ti. No hay ojos verdes
que se parezcan tanto a la ignominia.

Ignominia es tu sangre, Burguesilla: lo turbio que te azota por dentro,
remolino viscoso de miedo y de lujuria, corrupción
de todo lo materno que es la mujer. ¡Acuérdate, Malparida, de aquella pesadilla!
No hay trampa que te valga cuando tiritas y entras al gran baile del muro
donde se te aparecen de golpe los pedazos de la muerte.

No te perdono, entiéndeme, porque no me perdono, porque el mar
-por hermoso que sea- no perdona al cadáver: lo rechaza y lo arroja
como inútil estiércol.
Muerta estás y aun entonces, cuando dormí contigo, dormí con una máquina
de parir muertos. Nadie podrá lavar mi boca sino el áspero océano,
Mujer y No-mujer, de tu beso vicioso.

Lástima de hermosura. Si hoy te falta de madre justo lo que te sobra
de ramera
y de sábana en sábana, desnuda, vas riendo
y sin embargo empiezas a llorar en lo oscuro cuando no te oye nadie,
es posible, es posible que descubras tu estrella por el viejo ejercicio
del amor, es posible que tanta espuma inútil
pierda su liviandad, se integre en la corriente, vuelva al coro del Ritmo.

Tal vez el largo oleaje de esta carta te aburra, todo este aire solemne,
pero el Ritmo ha de ser océano profundo
que al hombre y la mujer amarra y desamarra
nadie sabe por qué y, es curioso, yo mismo
no sé por qué te escribo con esta mano, y toco
tu rara desnudez terrible todavía.

No hablemos ya de mayo ni de junio, ni hablemos
del gran mes, mi Amorosa, que construyó en diamante tu figura
de amada y sobreamada, por encima del cielo, en el volcán
de aquel Chillán de Chile que vivimos los dos, y eternizamos,
silenciosos, seguros de ser uno en el vuelo.

No. Bajemos de ahí, mi Sangrienta, y entremos al agosto mortuorio:
crucemos los horribles pasadizos
de tus vacilaciones, volvamos al teléfono
que aún estará sonando. Volemos en aviones a salvar
los restos de Algo, de Alguien que va a morir, mi Dios, descuartizado.

Digamos bien las cosas. No es justo que metamos a ningún Dios en esto.
Cínicos y quirúrgicos, los dos, los dos mentimos.
Tú, la más Partidaria de la Verdad, negaste la vida hasta sangrar
contra la Especie (¿Es mucho cinco mil cuatrocientas criaturas por hora...?)
Los dos, los dos cortamos las primeras, las finas
raíces sigilosas del que quiso venir
a vemos, y a besamos, y a juntamos en uno.

Miro el abismo al fondo de este espejo quebrado, me adelanto a lo efímero
de tus días rientes y otra vez no eres nada
sino un color difícil de mujer vuelta al polvo
de la vejez. Adiós. Hueca irás. Vivirás
de lo que fuiste un día quemada por el rayo del vidente.

Mortal contradictorio: cierro esta carta aquí,
este jueves atlántico, sin Júpiter ni estrella.
No estás. No estoy. No estamos. Somos, y nada más.
Y océano,
y océano,
y únicamente océano.

the new kid on the blog

Comienza el 2009, no sé qué esperar de este año, si supiera, resultaría muy aburrido. El 2008 fue turbio bastante turbio. Tengo blog nuevo… que para qué un blog. Pues por qué no…

Hola mundo, soy el new kid on the blog…

Homo scriptor, por Augusto Monterroso

El conocimiento directo de los escritores es nocivo. "Un poeta -dijo Keats- es la cosa menos poética del mundo." En cuanto uno conoce personalmente a un escritor al que admiró de lejos, deja de leer sus obras. Esto es automático. Por lo que se refiere a las obras mismas, una idea sensata, y que ahora comienza a ponerse en práctica, es publicar al mismo tiempo en diversos países de América las mejores, o por lo menos las más resonantes, que también pueden ser buenas. Las muy malas deben ser editadas por el Estado a todo lujo, empastadas en piel y con ilustraciones, para hacerlas prohibitivas a los pobres y, a la vez, tener contentos a la mayoría de los poetas y novelistas.