2.26.2009

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Entre la certidumbre que tengo de mi existencia y el contenido que trato de dar a esta seguridad hay un foso que nunca se llenará. Seré siempre extraño a mí mismo.

Nueva y ampliada introducción a los principios fundamentales del carroñerismo

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Introducción al pre-prefacio

A manera de introducción permítaseme agregar que la presente re-edición del tan elogiado estudio Introducción a los principios fundamentales del carroñerismo, obedece a las millones de peticiones (por carta, vía correo electrónico y el Hi5) de lectores y groupies interesados en el importantísimo tema de la carroñería. Ofrezco de antemano una disculpa por la tardanza de esta publicación, pero habrán de comprender, lectorcillos ávidos de la sabiduría que mana de mis páginas, que la reflexión y teorización de un asunto tan complejo debe hacerse con el profesionalismo y dedicación que me han distinguido como el experto más experto de tan fundamental tema de estudio.

En todo caso, debo añadir que son casi 26 años de mi vida los que he dedicado a investigar y polemizar con las principales corrientes filosóficas que ahondan y dedican sus esfuerzos al concepto del carroñerismo; no obstante, aunque doy la impresión de saberlo todo sobre la significación carroñera (por mi profundidad y claridad al exponer mis reflexiones, eso sí es un hecho, per se), es mi deber confesar que: lo sé casi todo sobre el carroñerismo, por ende, y aunque hayan tan pocos caminos explorados (casi los agoto) es mi obligación subrayar (como lo he venido haciendo) que aún quedan vetas trascendentalísimas por estudiar; por ello, exhorto a todos aquellos investigadorcillos hambientos de fama y trascendencia, que dediquen sus esfuerzos para legar a la humanidad aquello que, por falta de tiempo y múltiples ocupaciones (congresos, firma de libros, blow jobs party´s, conferencias, atención a fans y groupies, mesas de debate, programas de radio, lectura de obra y presentaciones varias) se me haya escapado del estudio, teorización y reflexión filosófica del carroñerismo, per se.


Pre-prefacio


El tema fundamental de las páginas que siguen, en las que he recogido los motivos de mi estudio, es el siguiente: la teorización investigativa y filosófica no se justifica como mero trabajo de indagación o investigación doctrinal, si no se reconoce que está fundada sobre la naturaleza misma del hombre carroñero en cuanto existencia, per se. Sus problemas se vacían de significación, si se consideran sólo como problemas teóricos o prácticos concernientes a una realidad o a objetos a los cuales resulte extraño su planteamiento o resolución, y los cuales no tengan sobre el hombre que los plantea o los resuelve más que una influencia hipotética e indirecta.

Los problemas del carroñerismo conciernen verdaderamente al ser del hombre, y no del hombre en general, sino de cada hombre (gracias Abbagnano), en la concreción de su existir, y son apelaciones o llamamientos que se le dirigen para que se ponga en claro consigo mismo, asuma sus responsabilidades y tome sus decisiones. La primera manifestación de un empeñarse en serio en el tema carroñeril es su autentificación: la cual exige, en quien se lo plantea, el esfuerzo de recogerse y poseerse en aquel aspecto fundamental de su ser al que se refiere el problema. Intento demostrar que el proceso de autentificación carroñera, per se, es aquello que mira el problema de la existencia carroñera como el proceso mismo de recogimiento y constitución del yo.


Prefacio

El carroñerismo ha fascinado a la humanidad desde que se hallaron sus primeros indicios en la Cueva de Altamira en el territorio de Santillana del Mar, en Cantabria, España. Es un hecho ya sabido que desde el Paleolítico superior, en lo que respecta a los periodos donde se desarrollaron las culturas Magdaleniense y Solutrense, es cuando el cromañón desplaza al neardental. Muchos estudios de gente muy experta han arrojado resultados contundentes: el cromañón como tal, especie evolutiva, pudo afianzarse y sobrevivir gracias al acto depredatorio; este acto fue aprendido gracias a la observación, estudio e imitación de las aves de rapiña. Esta conducta meta-mito-imitativa devino con el tiempo y la especialización de la nueva técnica de supervivencia en lo que hoy conocemos como el carroñerismo (Lévi-Strauss, p. 145, La pensée sauvage carroñerou, 1962). Las imágenes de Altamira son la muestra fehaciente de que el carroñerismo está presente desde el inicio de la humanidad, y aunque antropólogos como Émile Cartailhac desmienten y dudan de la autenticidad pictórica de las cuevas, los nuevos análisis de carbono 14 han demostrado la antigüedad y veracidad de las mismas.




En dicho arte pictórico figurativo observamos como los cromañones representan al ave de rapiña como un icono de supervivencia, observamos que bajo el icono se nos muestra un bisonte: una clara muestra de que las representaciones rupestres de Altamira son imágenes de significado religioso, ritos de fertilidad y ceremonias para propiciar la caza donde se imita la conducta carroñera.

Es así como desde la prehistoria, hasta el medioevo, el renacimiento, el barróco y rococó, la grecia antigua, los detestables y cursis noventa y demás épocas de la historia humana (al menos la occidental) el carroñerismo ha estado presente en todas las ramas del pensamiento e historia modernos. Detenerme a explicar etapa por etapa resultaría harto inútil, además de desacreditar a las instituciones educativas básica, media y superior, que ya dedican una gran parte de su tiempo a la enseñanza pedagógica de este tema. Por ello, les dejo el presente estudio, ávidos lectorcillos, donde me restrinjo a estudiar el carroñerismo en la época actual posmoderna, per se.


Introducción a los principios fundamentales del carroñerismo

1. El buitre leonado, Gyps fulvus, es el arquetipo a seguir de todo carroñero. Hágase de uno -los venden en el puente del papa, o en su defecto se consiguen en su tienda de mascotas preferida- estudie y analice sesudamente su comportamiento, recomendamos una libreta de notas para, en posteriores ocasiones, reproducir, imitar y simular su conducta en la dinámica social que le sea más conveniente: bodas, bautizos, reuniones laborales, juntas sindicales, cumpleaños, fiestas varias; en los entierros suele ser de gran ayuda llevar siempre a la mano sus notas, estos eventos son de vital importancia para vivir a tope la experiencia carroñeril. Nota importante: pasar por alto; es decir, NO IMITAR el período de reproducción del Gyps fulvus, que comprende del mes de abril a diciembre, esto contravendría y sería incompatible con el ideal a seguir, el Machus-alfa-súper-meta-carroñero.

2. Todo aquel que se precie de ser carroñero deberá ejercer el uso libertino de su sexualidad hasta dimensiones grotescas, titánicas e inclusive aberrantes; recomendamos el uso indiscriminado y furtivo de mentiras, sobornos, falacias, chantaje sentimental, dobles discursos, halagos, emborrachamiento sexual progresivo, sucias caricias, loas, tácticas de dominación mental, poemas, piropos, etc. etc. etc., y demás tácticas carroñeriles que el carroñero irá aprendiendo conforme practique el devastador e inhumano arte de la carroñería. Como ejemplo, proponemos dos técnicas eficaces y de extendido uso entre los grupos carroñeros de mayor experiencia, el clásico y certero “... si te portas bien conmigo”, que sólo en extrañas ocasiones falla (en muy extrañas ocasiones); o el famosísimo "soy escritor", que siempre da muy buenos resultados.

3. Hay distintas formas de ascender en la escala evolutiva carroñera; la primera consiste en aprender y practicar progresivamente los principios y dinámicas carroñeras, a esto se le llama el Carroñero-educando, persona que decide abiertamente iniciar una carrera carroñeril. La segunda clase es el Carroñero-por-exposición, aquel que conforme convive y se expone a otros carroñeros comienza a experimentar cambios en su conducta, hay estudios que indican que se modifica el ADN del carroñero en potencia. Este carroñero generalmente desarrolla habilidades medianas y casi siempre termina en una hibridación conocida como carroñero-a-secas, ni tan tan, ni muy muy. El tercer tipo es el llamado Meta-carroñero, es aquel carroñero que hace gala de sus habilidades desarrolladas y sus ya poquísimos escrúpulos; esto le permite formar grupos de Carroñeros-educandos y Carroñeros-por-exposición para guiarlos en el ascenso de la escala evolutiva. Este espécimen tiene la habilidad de reflexionar, cuestionar y proponer nuevos preceptos a la filosofía carroñera, es en todo caso el carroñero académico por antonomasia. Otro tipo de carroñero es el carroñero-ronin, aquel carroñero que frustrado, reprimido y vapuleado por su fracaso en la vida carroñera, decide abandonar su carroñeidad y se dedica a actividades pueriles y banales, tales como la literatura.

La mayoría de los descastados se deciden por las carreras universitarias con el fin de dar un poco de sentido a sus vidas; estos especímenes son los que más reniegan de la condición carroñera, mas lo hacen por un complejo de frustración que por una postura ideológica y congruente, (postura que debido a su condición ronin les es imposible poseer). Por último un espécimen muy raro y casi en peligro de extinción (ojo SEMARNAT, ojo Green Peace) es el mítico Machus-alfa-súper-meta-carroñero, es como su nombre científico lo indica el carroñero por excelencia, aquel que ha desarrollado sus habilidades hasta la perfección (ya bastantes teóricos han hablado de la importancia de la figuara Machus-alfa en la historia moderna, como ejemplo bastará con revisar la notable influencia del carroñerismo en el concepto de súper-hombre propuesto por Nitzche). Éste macho se distingue por un sofisticado estado de brama constante, ad infinitum, lo que le da un vigor y coraje único en su tipo, respecto a las otras especies del reino animal. Es todo un guerrero a la vieja usanza, arquetipo acabado del areté guerrero, al puro estilo de: donde pone el ojo pone la bala, todo un digno y magnánimo ideal a seguir.



4. La convivencia del carroñero con otros de su misma especie y condición es hartamente caótica, violenta y conflictiva, por lo que para evitar las luchas intestinas y el progresivo exterminio, en manos de los propios carroñeros, proponemos unas simples y sencillas reglas a seguir:

5. No carroñearás el hueso de tu prójimo-carroñero, siempre y cuando ese hueso no te “busque” el lado carroña de tu espíritu, en todo caso, hay que obrar como los principios mandan.

6. Entre carroñeros se pueden matar, desgarrar, carroñear, injuriar, calumiar, maldecir, pero nunca, nunca, jamás de los jamases olviden: la carroña siempre va a ser carroña, el carroñero siempre será carroñero.

7. Todo se derrumba, todo se acaba, todo se rompe, todo es un error… el carroñero siempre estará ahí, cuando todo acabe, esperando el tiempo y momento adecuado para el ataque.

8. Seguir los ejemplos de grandes personalidades carroñeras que han construido y destruido con sus propias garras la historia de la humanidad. Favor de no tomar los ejemplos “literales”, lo que hay que destacar de cada personaje es su tenacidad carroñera, mas no así sus actos, que algunos pueden resultar abominables hasta para el machus-alfa-súper-meta-carroñero más experimentado. He aquí algunos iconos históricos del carroñerismo:

1. Atila el Huno
2. Jesucristo
3. Calígula
4. Carlos Slim
5. Julio César (Chávez)
6. Hitler (Raúl)
7. Cuauhtémoc Blanco
8. Napoleón (el cantante)
9. Porfirio Díaz
10. Nietzsche
11. Emile Cioran
12. Schopenhauer
13. Johnny Bravo
14. Hugo Sánchez
15. Octavio Paz
16. el niño Torres
17. Juan Gabriel
18. Globito
19. el Ché (Reséndiz)
20. Mingo Saldívar
21. López Obrador
22. Andrés Puente
23. Gloria Trevi
24. Sergio Andrade
25. Sergio el bailador
26. Maradonna

9. Hueso ruñido es hueso dejado, dejad que los demás carroñeros acerquéis a ese hueso

10. El carroñero siempre estará dispuesto a ayudar a un carroñero, aunque esto te cueste la vida; no obstante, si cuesta un buen hueso, ni modo, no se hace.

11. No intervenir cuando un carroñero está a mitad de una operación, no es ético. Mejor esperar a que ésta termine -la operación- y atacar cuando la presa es más vulnerable.

12. Jamás delatar a un carroñero encubierto, a veces, fingir no ser un carroñero, en cualquiera de sus niveles, requiere de hartos años de preparación física, mental y espiritual -sólo para infiltrarse una noche- por lo que descubrir, sin querer o a propósito, la táctica del carroñero en cuestión, podría no ser conveniente para la especie. Un carroñero expuesto puede poner en peligro el orden de la cadena alimenticia, por ende, se podría quebrantar la estabilidad del medio ambiente, provocando el exterminio de la especie carroñera.




13. Aunque hay indicios desde el paleolítico que nos hablan de la existencia del carroñerismo silvestre, rural; es ampliamente sabido, comentado y aceptado, que desde la revolución industrial el carroñerismo es eminentemente urbano; no descartamos la existencia de carroñeros rurales o silvestres, mas las épocas doradas del carroñerismo están situadas en ambientes citadinos, que es donde se practica mejor la disoluta tecné del carroñero.

14. Los ataques en manada suelen no ser los mejores, un grupo de carroñeros es peligrosamente identificable; la carroñería grupal supone integración y cohesión entre los integrantes de la jauría, buena comunicación y sobre todo -confianza-, dado que estas características no son propias de la naturaleza del carroñero, es casi seguro que los objetivos del grupo se frustren, provocando caos y destrucción al interior y exterior del grupo. Sólo como ejemplo persuasivo recordemos la tragedia que se desencadenó en el News Divine.

15. La carroñería cuádruple, tripartita, binomial y solitaria son las mejores estrategias para una carroñería efectiva. Loable resulta que todavía, a estas alturas, existan manadas de carroñeros -es plausible su entusiasmo- pero por lo general son grupos de Carroñeros-Educandos y Carroñeros-a-secas que necesitan la validación de un Meta-Carroñero y de sus compañeros de jauría para ascender la escala evolutiva.

16. Un carroñero evitará revelar sus secretos de carroñería, a menos que le resulte conveniente a sus propósitos.

17. Para el carroñero no hay imposibles, siempre, indudablemente, se puede caer más bajo, aún.

18. Jamás faltarás a tu padre y a tu madre (putativos, con los sanguíneos no hay conflicto ético), a tus carroñeros guías, ni a los principios carroñeriles; y por favor, eviten dar rienda suelta (al menos usen protección) a las actividades lubricas y libertinas con carroñeras de la misma especie y condición, suelen producirse los mutantes más terribles y monstruosos. Por último: bienaventurados aquellos que se dignan y embellecen al seguir el camino espiritual del carroñero, en un mundo como este, jamás les faltará el alimento.


Sobre las condiciones-esencia de los ataques carroñeros

1. Carroñerismo-kamikaze: ataque brutal, sanguíneo y grosero, duro y a la encía, a la yugular; por su absurda e inconmensurable ferocidad, casi irreal, esta estrategia deja al carroñero sin ímpetu, fuera de la jugada de dos a tres meses. Esta estrategia es común a los carroñeros no iniciados que por su falta de pericia, desgastan su chi en las primeras embestidas. Todo carroñero ha disfrutado la adrenalina de un embate-kamikaze, los más experimentados lo usan para salir del tedio, aunque no exista la necesidad de usarlo, o en su defecto cuando la presa ofrece demasiada resistencia. Este ataque desgasta mucho al carroñero y no siempre obtiene buenos resultados.

2. Carroñerismo-virgiliano: pedagógico, estrategia acompañada casi siempre por un meta-carroñero, quien educa a los carroñeros con poca experiencia en las artes persecutorias. Generalmente se lleva a cabo en ambientes controlados, es común que el meta-carroñero actúe primero, para dejar deshecha y sin fuerzas a la víctima, para que así el carroñero-educando, menos hábil, cometa su fechoría; es una loable estrategia que destaca por su alto contenido altruista y por su condición netamente formativa.

3. Carroñerismo-encubierto: camaleónico y hartamente peligroso, un efectivo ataque encubierto se destaca por la habilidad-camuflaje del carroñero que lo lleva a la práctica. Una buena ofensiva de este tipo se distingue por la pericia en el misterioso arte de mezclarse entre los no-carroñeros. Si ni siquiera un meta-carroñero es capaz de percibir al infiltrado, entonces se ha tenido éxito. Generalmente operan en lugares poco usuales para carroñear, tales como cajeros automáticos, tiendas de conveniencia, waldos mart, entre otros lugares insospechados. Años de práctica, de control mental y espiritual requiere esta técnica, recomendamos a los no iniciados no intentar un embate de este tipo, ya que sin el debido entrenamiento y supervisión, los resultados podrían ser catastróficos; favor de recordar el caso Fabiruchis.


4. Carroñerismo-alfa: apoteosis del carroñerimo, feroz, cruel, brutal, enérgico, atroz, insaciable, bestial, inhumano, crimen de lesa humanidad, grotesco hasta el vómito pero a la vez impoluto, armonioso, sereno, ético y estético, arte puro y sublime, trascendencia... la eternidad. Este ataque sólo es posible si es llevado a cabo por el Machus-alfa-súper-meta-carroñero, es una mezcla depurada y perfecta de todas las tácticas carroñeriles. Desde el siglo VI no se han reportado sobrevivientes de una arremetida alfa, no deja presa viva. Esta modalidad ha cautivado desde hace siglos a los seguidores –carroñeros y no carroñeros- del fenómeno carroñerista; San Agustín (en siglo IV, más o menos, no se tiene la fecha exacta ni la totalidad del manuscrito) consagró en su Tractatus opera carronus gandallus todas las características esenciales de un ataque alfa. La enciclopedia Británica incorporó en 1926 ocho tomos y medio a su acervo, sólo para describir grosso modo las particularidades e historia de la ofensiva alfa; se ha escrito abundante literatura, se ha registrado innumerable documentación gráfica, hemerográfica y videográfica del asunto.

En agosto de 2009 Enrique Krauze publicará los primeros 25 dividis de una serie de 100 que presentará México Siglo XX, en donde se tratarán y analizarán concienzudamente los temas neurálgicos para la historia y la vida política del país: las imbricaciones culturales, políticas y sociales del carroñerismo alfa en el mayo francés y en consecuencia en el 68 mexicano; la revolución mexicana como resultado inminente del decaimiento del ataque alfa, la dinámica alfa y el milagro mexicano, entre otros temas. Recomendamos a los no iniciados ahondar en el estudio de la táctica alfa, antes de intentar un ataque de tal proporción; los exhortamos también a NO emular un ataque alfa, -ya que como afirmamos esta táctica sólo puede la puede desarrollar un Machus-súper-meta carroñero-. Los resultados de una arremetida fallida son desastrosos; hay reportes de que después de un malogrado ataque, el carroñero en cuestión, vencido, frustrado y hecho un guiñapo, decide abandonar la senda carroñera, su sino, para dedicarse a las clases de meditación, yoga o a ser testigo de Jehová; en los peores casos los carroñeros descastados, también conocidos como carroñeros-ronin -para enterarse más del tema, pueden revisar el interesantísimo libro de ensayos Yo no nací para carroñear, en donde destacan autores como Carlos Monsiváis, García Ponce, Xirau, Ángel Rama, Octavio Paz, entre otros) dedican su vida (si a eso se le llama vida) al fantasioso e improductivo acto de “escribir” literatura sin el más mínimo ápice de talento; sin duda, uno de los fines más terribles para un carroñero.


Epílogo

Sólo cabe añadir que no todo el estudio está concluído, habrán de presentarse más y cada vez más contundentes y profundas investigaciones del tema (hablo de las mías), per se.

2.25.2009

cuaderno de talamanca

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Si hay algo por lo que me distingo es por mi capacidad, realmente ilimitada, de cansarme de todo.


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No hay angustia sin razón, quiero decir que la crisis que estás atrevesando ahora, de la que no ves los motivos, es la consecuencia de estados muy determinados que hubieran justificado la angustia en aquel momento, pero que, extrañamente, no la provocaron; más tarde se provoca a sí misma y desconcierta porque no llegas a comprender su origen.
(Todo esto es verdad y no es verdad)


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Por mucho que cambie de lugar -por mucho que cambiara el mundo-, me vuelvo a encontrar siempre conmigo mismo, con el mismo yo.


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Lo que distingue a un pensador de un escritor es que el pensador sólo coge la pluma cuando tiene algo qué decir.
(Acabo de formular un deseo más que una constatación)


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Ganamos en conciencia lo que perdemos en existencia.
Lo que en nuestros males no hacen perder en materia de ser, lo ganamos en conciencia. El vacío que nuestras debilidades suscitan en nuestro ser es llenado por la presencia de la conciencia ¿qué digo? ese vacío es la conciencia misma.


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No puedo concentrarme en nada, todo me aburre, todo me invita a la dispersión. Como contrapartida, me intereso en multitud de cosas pero en ninguna hasta el final, salvo quizás en el aburrimiento.
Soy un obseso disipado, que derrocha y pulveriza sus obsesiones.
Hubiera podido ser un gran curioso de lo incurable.

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2.19.2009

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recuerdo el
espejo empañado,

los nervios espesos por
la fiebre
y las humedad de tu boca.

el agua caliente,
el vapor salado.

algo se rompió
cuando los ojos te oscurecieron,

definitivamente algo se rompió
y extendió sobre mi cuerpo
con la quietud salina de lo icebergs.

recuerdo mis pies
en el cristal helado,
tus manos hundiendo
telarañas –y crujían bajo
el peso de mis piernas.


recuerdo la fiebre
y con la enfermedad
mi corazón padece la misericordia:

tuve la sed antes de la sustancia,

tu nombre es sólo la corona
de una masa de hielo
calcificada en las profundidades.

2.15.2009

preciso me encontrar

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deixe-me ir
preciso andar
vou por aí a procurar
rir prá não chorar...

quero assistir ao sol nascer
ver as águas dos rios correr
ouvir os pássaros cantar
eu quero nascer, quero viver...

deixe-me ir
preciso andar
vou por aí a procurar
rir prá não chorar...

se alguém por mim perguntar
diga que eu só vou voltar
quando eu me encontrar...

quero assistir ao sol nascer
ver as águas dos rios correr
ouvir os pássaros cantar
eu quero nascer, quero viver...

deixe-me ir
preciso andar
vou por aí a procurar
rir prá não chorar...

se alguém por mim perguntar
diga que eu só vou voltar
quando eu me encontrar
quando eu me encontrar
quando eu me encontrar
depois que eu me encontrar
quando eu me encontrar
depois, depois
que eu me encontrar
quando eu me encontrar
depois, depois

depois que eu me encontrar...

2.14.2009

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de la nosustancia
a la basura
montaña de basura
amontonándose
sucesivamente
en los corredores,

en ese nicho fuera de
antes de tu puerta
lejos lejanas palomas sucias
se alimentan para nomorir
de la montaña,

para símorir después
lejanas lejos
de tu puerta
y la basura.

-nunca he visto el cadáver de una paloma-

2.13.2009

junior suite/nacho vegas

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pero hay algo que hacer y hay que hacerlo cuanto antes/cuanto antes/sabes que algo hay que hacer/algo importante y cuanto antes

2.12.2009

this is hardcore/pulp

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you are hardcore, you make me hard/you name the drama and i'll play the part/it seems i saw you in some teenage wet dream/i like your get up if you know what i mean/ i want it bad/i want it now/oh can't you see I'm ready now/i 've seen all the pictures/i 've studied them forever/i wanna make movie so let's star in it together/don't make a move 'til I say, action/oh, here comes the hardcore life/put your money where your mouth is tonight/leave your make-up on & i'll leave on the light/come over here babe & talk in the mic/oh yeah i hear you now/it's gonna be one hell of a night/you can't be a spectator/oh no/you got to take these dreams & make them whole/oh this is hardcore/there is no way back for you/oh this is hardcore/this is me on top of you & i can't believe that it took me this long/that it took me this long/this is the eye of the storm/i t's what men in stained raincoats pay for but in here it is pure/yeah/this is the end of the line/i've seen the storyline played out so many times before/oh that goes in there/then that goes in there/then that goes in there/then that goes in there & then it's over/ oh/what a hell of a show but what i want to know: what exactly do you do for an encore? 'cos this is hardcore/

nostalgia de la maga, 6/18 Julio Cortázar


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6


La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libro-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la ópera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores a fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a la tinta de imprenta acaba con la alegría del ajo.

En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar los árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. Pero es que vos ya lo sabés, decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de señalarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.

De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vuelta por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía.

A Oliveira lo fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad.
«¿Y si no me hubieras encontrado?», le preguntaba. «No sé, ya ves que estás aquí...» Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...
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18


No ganaba nada con preguntarse qué hacía allí a esa hora y con esa gente, los queridos amigos tan desconocidos ayer y mañana, la gente que no era más que una nimia incidencia en el lugar y en el momento. Babs, Ronald, Ossip, Jelly Roll, Akhenatón: ¿qué diferencia? Las mismas sombras para las mismas velas verdes. La sbornia en su momento más alto. Vodka dudoso, horriblemente fuerte. Si hubiera sido posible pensar una extrapolación de todo eso, entender el Club, entender Cold Wagon Blues, entender el amor de la Maga, entender cada piolincito saliendo de las cosas y llegando hasta sus dedos, cada títere o cada titiritero, como una epifanía; entenderlos, no como símbolos de otra realidad quizá inalcanzable, pero sí como potenciadores (qué lenguaje, qué impudor), como exactamente líneas de fuga para una carrera a la que hubiera tenido que lanzarse en ese momento mismo, despegándose de la piel esquimal que era maravillosamente tibia y casi perfumada y tan esquimal que daba miedo, salir al rellano, bajar, bajar solo, salir a la calle, salir solo, empezar a caminar, caminar solo, hasta la esquina, la esquina sola, el café de Max, Max solo, el farol de la rue de Bellechasse donde... donde solo. Y quizá a partir de ese momento.

Pero todo en un plano me-ta-fí-sico. Porque Horacio, las palabras... Es decir que las palabras, para Horacio... (Cuestión ya masticada en muchos momentos de insomnio.) Llevarse de la mano a la Maga, llevársela bajo la lluvia como si fuera el humo del cigarrillo, algo que es parte de uno, bajo la lluvia. Volver a hacer el amor con ella pero un poco por ella, no ya para aprender un desapego demasiado fácil, una renuncia que a lo mejor está encubriendo la inutilidad del esfuerzo, el fantoche que enseña algoritmos en una vaga universidad para perros sabios o hijas de coroneles. Si todo eso, la tapioca de la madrugada empezando a pegarse a la claraboya, la cara tan triste de la Maga mirando a Gregorovius mirando a la Maga mirando a Gregorovius, Struttin’ with some barbecue, Babs que lloraba de nuevo para ella, escondida de Ronald que no lloraba pero tenía la cara cubierta de humo pegado, de vodka convertido en una aureola absolutamente hagiográfica, Perico fantasma hispánico subido a un taburete de desdén y adocenada estilística, si todo eso fuera extrapolable, si todo eso no fuera, en el fondo no fuera sino que estuviera ahí para que alguien (cualquiera pero ahora él, porque era el que estaba pensando, era en todo caso el que podía saber con certeza que estaba pensando, ¡eh Cartesius viejo jodido!), para que alguien, de todo eso que estaba ahí, ahincando y mordiendo y sobre todo arrancando no se sabía qué pero arrancando hasta el hueso, de todo eso se saltara a una cigarra de paz, a un grillito de contentamiento, se entrara por una puerta cualquiera a un jardín cualquiera, a un jardín alegórico para los demás, como los mandalas son alegóricos para los demás, y en ese jardín se pudiera cortar una flor y que esa flor fuera la Maga, o Babs, o Wong, pero explicados y explicándolo, restituidos, fuera de sus figuras del Club, devueltos, salidos, asomados, a lo mejor todo eso no era más que una nostalgia del paraíso terrenal, un ideal de pureza, solamente que la pureza venía a ser un producto inevitable de la simplificación, vuela un alfil, vuelan las torres, salta el caballo, caen los peones, y en medio del tablero, inmensos como leones de antracita los reyes quedan flanqueados por lo más limpio y final y puro del ejército, al amanecer se romperán las lanzas fatales, se sabrá la suerte, habrá paz.

Pureza como la del coito entre caimanes, no la pureza de oh maría madre mía con los pies sucios; pureza de techo de pizarra con palomas que naturalmente cagan en la cabeza de las señoras frenéticas de cólera y de manojos de rabanitos, pureza de... Horacio, Horacio, por favor.
Pureza.
(Basta. Andate. Andá al hotel, date un baño, leé Nuestra Señora de París o Las Lobas de Machecoul, sacate la borrachera. Extrapolación, nada menos.) Pureza. Horrible palabra. Puré, y después za. Date un poco cuenta. El jugo
que le hubiera sacado Brisset. ¿Por qué estás llorando? ¿Quién llora, che? Entender
el puré como una epifanía. Damn the language. Entender. No inteligir: entender. Una sospecha de paraíso recobrable: No puede ser que
estemos aquí para no poder ser. ¿Brisset? El hombre desciende de las ranas...
Blind as a bat, drunk as a butterfly, foutu, royalement foutu devant les portes, que peut-être... (Un pedazo de hielo en la nuca, irse a dormir. Problema: ¿Johnny Dodds o Albert Nicholas?. Dodds, casi seguro. Nota: preguntarle a Ronald.) Un mal verso, aleteando desde la claraboya: «Antes de caer en la nada con el último diástole...» Qué mamúa padre. The doors of perception, by Aldley Huxdoux. Get yourself a tiny bit of mescalina, brother, the rest is bliss and diarrhoea. Pero seamos serios (sí, era Johnny Dodds, uno llega a la comprobación por vía indirecta. El baterista no puede ser sino Zutty Singleton, ergo el clarinete es Johnny Dodds, jazzología, ciencia deductiva, facilísima después de las cuatro de la mañana. Desaconsejable para señores y clérigos).

Seamos serios, Horacio, antes de enderezarnos muy de a poco y apuntar hacia la calle, preguntémonos con el alma en la punta de la mano (¿la punta de la mano?) En la palma de la lengua, che, o algo así. Toponomía, anatología descriptológica, dos tomos i-lus-tra-dos), preguntémonos si la empresa hay que acometerla desde arriba o desde abajo (pero qué bien, estoy pensando clarito, el vodka las clava como mariposas en el cartón, A es A, a rose is a rose is a rose, April is the cruellest month, cada cosa en su lugar y un lugar para cada rosa es una rosa es una rosa...). Uf. Beware of the Jabberwocky my son.

Horacio resbaló un poco más y vio muy claramente todo lo que quería ver. No sabía si la empresa había que acometerla desde arriba o desde abajo, con la concentración de todas sus fuerzas o más bien como ahora, desparramado y líquido, abierto a la claraboya, a las velas verdes, a la cara de corderito triste de la Maga, a Ma Rainey que cantaba Jelly Beans Blues. Más bien así, más bien desparramado y receptivo, esponjoso como todo era esponjoso apenas se lo miraba mucho y con los verdaderos ojos. No estaba tan borracho como para no sentir que había hecho pedazos su casa, que dentro de él nada estaba en su sitio pero que al mismo tiempo -era cierto, era maravillosamente cierto-, en el suelo o el techo, debajo de la cama o flotando en una palangana había estrellas y pedazos de eternidad, poemas como soles y enormes caras de mujeres y de gatos donde ardía la furia de sus especies, en la mezcla de basura y placas de jade de su lengua donde las palabras se trenzaban noche y día en furiosas batallas de hormigas contra escolopendras, la blasfemia coexistía con la pura mención de las esencias, la clara imagen con el peor lunfardo. El desorden triunfaba y corría por los cuartos con el pelo colgando en mechones astrosos, los ojos de vidrio, las manos llenas de barajas que no casaban, mensajes donde faltaban las firmas y los encabezamientos, y sobre las mesas se enfriaban platos de sopa, el suelo estaba lleno de pantalones tirados, de manzanas podridas, de vendas manchadas.

Y todo eso de golpe crecía y era una música atroz, era más que el silencio afelpado de las casas en orden de sus parientes intachables, en mitad de la confusión donde el pasado era incapaz de encontrar un botón de camisa y el presente se afeitaba con pedazos de vidrio a falta de una navaja enterrada en alguna maceta, en mitad de un tiempo que se abría como una veleta a cualquier viento, un hombre respiraba hasta no poder más, se sentía vivir hasta el delirio en el acto mismo de contemplar la confusión que lo rodeaba y preguntarse si algo de eso tenía sentido. Todo desorden se justificaba si tendía a salir de sí mismo, por la locura se podía acaso llegar a una razón que no fuera esa razón cuya falencia es la locura. «Ir del desorden al orden», pensó Oliveira. «Sí, ¿pero qué orden puede ser ése que no parezca el más nefando, el más terrible, el más insanable de los desórdenes? El orden de los dioses se llama ciclón o leucemia, el orden del poeta se llama antimateria, espacio duro, flores de labios temblorosos, realmente qué sbornia tengo, madre mía, hay que irse a la cama en seguida.» Y la Maga estaba llorando, Guy había desaparecido, Etienne se iba detrás de Perico, y Gregorovius, Wong y Ronald miraban un disco que giraba lentamente, treinta y tres revoluciones y media por minuto, ni una más ni una menos, y en esas revoluciones Oscar’s Blues, claro que por el mismo Oscar al piano, un tal Oscar Peterson, un tal pianista con algo de tigre y felpa, un tal pianista triste y gordo, un tipo al piano y la lluvia sobre la claraboya, en fin, literatura.

2.11.2009

conversación neutra

***

—pero... se trata de vivir. se trata de vivir ¿no?

—complicado complicado, complicas demasiado, las cosas

cuarto piso

***

se diría que son perfectas estas ventanas.

inmensas en su vértigo
y ebriedad.


se diría que son absolutas,

y aquel,
tu aullido en el exceso
fue uno más que las ventanas extinguieron
en su inmaculada perfección.

pero no existe este cuarto piso,
como tampoco existen estas ventanas
ni tu aullido en el exceso
-que imagino ahogándose
en lo absoluto y perfecto de estas ventanas inexistentes-

no existen
que no existen pero son perfectas y absolutas
cuando respiro lo más humano
y profundo,

de la necesidad.

2.09.2009

///

***

ya lo inevitable.

tuve la sed antes de la sustancia.

aún,
los murmullos de la enfermedad en los pasillos del nosocomio.

2.08.2009

frivolidad, incomunicación y desencanto, la trilogía de las sociedades modernas de Denys Arcand (1 de 3)

***




Le déclin de l'empire américain (1986)

Ante la ausencia de Milan Kundera, Dominique, profesora de historia de la Universidad de Montreal, dicta una entrevista a Diane (quien también es su amiga). Su tema, variaciones en la felicidad: la voluntad de perseguir y consumar la hipotética felicidad futura. La felicidad individual y la búsqueda, por cualquier medio, de alcanzar y concretar en la vida cotidiana el concepto de la felicidad ¿no estará históricamente ligada a la decadencia del imperio americano que ahora hemos comenzado a vivir?

Partiendo del tal hipótesis, Denys Arcand propone en Le déclin de l'empire américain, que la obsesión por el placer, y la hipocresía en las relaciones personales son meros síntomas de la decadencia de un sistema al borde del colapso.

Cinco profesores de historia, la esposa de uno de ellos y dos estudiantes de maestría de la Universidad de Montreal se preparan para disfrutar de un banquete. El grupo de mujeres: Sébastien (esposa de Rémy), Dominique, Diane y Danielle se ejercitan en un gimnasio mientras hablan de sexo y sus actuales aventuras amorosas; por su parte Rémy (quien Dominique asegura se ha acostado con medio Montreal) disfruta de narrar a sus amigos Alain, Mario y Pierre, sus hazañas sexuales y elaborar irónicas hipótesis sobre la esencia y simulación de las relaciones personales, en una frase, el fracaso de esa fascinante institución a la que se le llama matrimonio.





Clasificada como “comedia erótica”, la cinta demuestra la habilidad del cineasta para desarrollar temas tan complejos con la estructura y aparente ligereza de una comedia. El primer filme de la trilogía de las sociedades modernas, retrata una sociedad que sabe su fracaso y vive en un sistema a todas luces caduco. Pese a que los personajes reflexionan y critican al capitalismo y lo que éste representa, se saben inmersos en una dinámica complaciente y cómoda: critican, reflexionan, intentan aprehender la verdad de las cosas, sus porqués, pero en el fondo entienden que dicho sistema les ha permitido desarrollarse y obtener la comodidad suficiente para ser lo que son: intelectuales acomodados. Ir verdaderamente contra el imperio, es ir contra ellos mismos, descubrirse avasallados por la simulación y la autocomplacencia, por el padecer en lugar del ser.

En el banquete Rémy discute sobre el frustración del matrimonio argumentando que: hace algunos siglos el promedio de vida de la mujer era de 45 años, mientras que en el hombre era 35; por ende, en tales circunstancias el matrimonio funcionaba porque sólo duraba de 15 a 20 años; luego, la muerte; en nuestros tiempos, donde el promedio de vida es de 70 a 80 años, comenta a los demás comensales, el matrimonio ya no funciona, no es natural e inclusive absurdo. La explicación de Rémy, en principio lúcida, revela su necesidad de señalar el motivo del fracaso de su vida matrimonial (y de paso el de toda la sociedad en general). No obstante, lo interesante de la escena no es el discurso en sí, sino advertir el por qué de su enunciación, el verdadero motivo: la tremenda necesidad de justificar su derrota; mas que una búsqueda de la verdad, su hipótesis es un enmascaramiento, una salida fácil y deferente ante la desolación que lo rodea.

Las conquistas sexuales de Rémy son lo único que lo mantiene vivo y con cordura, ellas lo ayudan a soportar su aburrido matrimonio y le dan sentido a su vida. A diferencia del Don Juan absurdo de Camus, al donjuanismo de Rémy niega su realidad, sus aventuras son todo menos actos de voluntad, son una necesidad, un padecimiento.




Sébastien, su esposa, sabe que Rémy le ha sido infiel, ya que ella misma comenta a Dominique: ¿quién no lo ha sido? Pero cuando en una discusión acalorada se ventila la relación entre Dominique y Rémy, todo se viene abajo. Su aparente postura civilizada y “europea” de condescender las infidelidades del esposo se derrumban cuando, por boca de la misma Dominique, se entera de las amantes que éste ha tenido. Sébastien padece la simulación, puesto que, si no le importaban tanto los affaires de su marido, por qué ahora que los sabe reales y cuantiosos le provocan tanta pesadumbre: al igual que sus amigos cae en la contradicción y se muestra como es, empantanada en la superficialidad de un discurso hueco, aprendido y poco genuino.

En una sociedad varada en el consumismo y la frivolidad, lo conducente es el cinismo y el disimulo. A pesar de ser la cinta menos lograda de la trilogía (en ocasiones se precibe lenta y con diálogos a momentos un poco forzados), Le déclin… presenta una radiografía generacional sin caer en juicios moralistas ni rayar en el enjuiciamiento fácil y condescendiente. Arcand “expone” los actos, actitudes y discursos de sus personajes, los deja “ser” y desarrollarse en la historia; Sébastien, Rémy, Dominique y compañeros no son meras caricaturizaciones, no son personajes planos, sino que se nos develan en sus más sinceras (en ocasiones hilarantes) y penosas contradicciones. Es así, que el espectador es quien tiene que armar e interpretar los indicios y guiños que el director canadiense va diseminando inteligentemente en la historia y protagonistas.

Con Le déclin de l'empire américain, Arcand consuma una obra propositiva, irónica y con una sentencia un tanto amarga: del mismo modo que los estados y los sistemas económicos se desmoronan, los individuos y sus relaciones personales, ante el desencanto, la frustración y el fracaso de las utopías, padecen la tensión y distensión de sus relaciones personales. Todo se envilece, los viejos conceptos que daban certidumbre: amor, matrimonio, sociedad, dejan de tener sentido y de la vaciedad resultante sólo la banalidad y el intelecto al servicio del simulacro son las únicas tablas de salvación. El amor, el sexo y las pretensiones intelectuales son utilitarias, todos lo es; se busca el bienestar por el bienestar mismo, se pretende desesperadamente la felicidad, aunque ésta sea sólo aparente.

***

Ficha Técnica

Le déclin de l'empire américain
(La decadencia del imperio americano)
Año: 1986
Origen: Canadá
Director: Denys Arcand
Guión: Denys Arcand
Fotografía: Guy Defaux
Música: François Dompierre
Sonido: Richard Besse
Producción: René Malo; Roger Frappier

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Avance




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Próxima reseña: Les invasions barbares (2003)

dance!

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2.06.2009

C.

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te besé
en lo monstruoso
de la arteria,

escribí tu nombre
en un muro olvidable,

-lamí
de mis uñas
el ácido sabor de la cal-

fuiste el apetito.

seduje
al intranquilo animal
de tus senos desnudos,

-el gusto del amor
sin el amor mismo-

fuiste,
muchacha,

fuiste la ternura en el beso,
lo que se espera
del amor y los amantes,

y no era necesario.

2.04.2009

1982, do androids dream of electric sheep?

***

vals melódico

***

vaivén
vaivén
vaivén,

ya no quiero estar
entre tanta
danza geométrica,
quédense con sus
largas piernas
y
el fastuoso paso
del ritmo,
y los dados al piso
siempre rojos
siempre seis siempre doce siempre seis,
y mis dados el mismo número
-geométrica cuadratura
de mujeres esponjosas-
de un lado a otro a otro a otro,
del tórax a la laringe,
del tumor perfecto
al hijo de nervios,
de la lengua agria
a lo oscuro de la axila,
uno dos uno dos y uno dos
en el lustroso marco
con tanta boca
tanta enfermedad,
con tanta uña turbia
quebradiza y
tanta furia
enjugándome
los puños,
tanta
y
tanta sangre
de tan saciada vaciedad
en el uno,
en el uno-dos-y-dos-y-tres,
van y vienen
van y vienen

con el dos el dos y el uno,
y
ya no quiero este coágulo de carne,
quiero escupirlo
que quiero escupirlo
tierno tibio y hermoso
como a los dados
el doce, el rojo el seis.
que ya no quiero
y no quiero
hartos-y-sagrados-compases,
¡que ya no quiero, les digo!
que ya no soporto tanto desplifarro-

-tanta-estupidez.



y el eco al fondo del salón
resuena:
el-uno-dos-uno-dos-dosytres-eldoce-eltres-uno-dos-
el seis.